El castigo Time Out

El castigo Time Out

El perro es una especie social y gregaria, y valora la pertenencia al grupo. Precisamente por este motivo, uno de los castigos más efectivos que no implica violencia ni intimidación es el Time Out (tiempo fuera).

El Time Out es la restricción del acceso al grupo. Es parecido al castigo que se usa en niños y se conoce como el «rincón de pensar». Al niño, se le coloca en un rincón durante unos minutos, sin jugar ni relacionarse, para que se tranquilice y reflexione, y se le explica que es consecuencia de su comportamiento. Al cachorro, se le separa del grupo familiar por unos minutos, restringiéndole el acceso por algún medio físico de contención, como, por ejemplo, una puerta. Además, se asocia esta restricción como consecuencia de su comportamiento mediante un protocolo de doble señal (aviso y castigo). Este protocolo es similar al sistema de doble falta del fútbol: la 1a tarjeta amarilla es un aviso, la 2a tarjeta amarilla es una expulsión.

Cómo aplicar el Time Out: protocolo de doble señal

Necesitas dos señales. El significado de la primera señal será «esto no está permitido, deja de hacerlo». El significado de la segunda señal será «por insistir en hacer lo que no está permitido, estás castigado». Evidentemente, tu cachorro sólo entenderá el significado de estas señales después de unas repeticiones. Para facilitar su comprensión, debemos ser claros, concisos y coherentes en la aplicación de las señales. Además, las señales deben ser emitidas con tranquilidad y en tono neutro para que sean estas las que tengan relevancia. Si nos enfadamos, nuestro enfado es el que tomará relevancia y no las señales. Nuestro perro entenderá que el castigo es producto de nuestro enfado y no de su comportamiento, porque las señales que marcan su comportamiento no tendrán la relevancia necesaria para resaltarlo.

En el momento que tu cachorro realice algo no permitido, como apoyar sus patas delanteras encima de la mesa del sofá, emitirá la señal de aviso “¡EY!” (tarjeta amarilla); bájalo de la mesa suavemente, sin violencia. Ahora él tiene la oportunidad, según su comportamiento, de ser o no ser castigado. Normalmente, si estás empezando a usar el protocolo de doble señal, volverá a realizar el comportamiento porqué aún no ha aprendido que la primera señal es un aviso. Cuando realice el comportamiento por segunda vez, emite la segunda señal, la de castigo directo “¡CASTIGADO!” (tarjeta roja) y lleva a tu cachorro directamente a la zona de restricción. Pasados unos minutos y siempre que no esté llorando, ladrando o rascando la puerta, abre y permite que vuelva. Si vuelve a realizar el comportamiento, vuelve a aplicar el protocolo.

La oportunidad que le das a tu cachorro, después de la señal de aviso, de poder evitar el castigo modificando él mismo su comportamiento, es la que hará que surja el aprendizaje. Cuando, con las repeticiones, entienda que después de un aviso será

castigado si vuelve a repetir el mismo comportamiento, decidirá comportamientos alternativos siempre que oiga la señal de aviso. Además, dejará de hacer aquellos comportamientos que provocan una señal de aviso. Pero, para que este aprendizaje surja tal y como está previsto, solo se debe emitir una sola señal de aviso antes del castigo. Si lo avisas varias veces, tu cachorro aprenderá que el aviso no siempre anticipa el castigo y que puede tener varias oportunidades antes de ser castigado. Por lo tanto, el protocolo de doble señal (que ya no será de doble señal, sino de triple, cuádruple…) no funcionará.

Dónde restringir al cachorro

Restringir a tu cachorro como castigo solo es separarlo de ti, no aterrorizarlo. No dejar que acceda a ti es suficiente castigo, por lo tanto, no lo encierres en un cuarto oscuro. Utiliza la barrera física más cercana en ese momento. Si estás sentado en el sofá, y tienes la terraza al lado, utiliza la puerta de la terraza para ponerlo al otro lado. Si estás en tu habitación, sácalo fuera y cierra la puerta. En ocasiones puedes utilizar su propia habitación o zona segura si no tienes otra opción, pero debería ser el último recurso, porque no es ideal utilizar su habitación como castigo.

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