¿Qué es?
La inhibición de la mordida es un fenómeno natural que consiste en el aprendizaje del control y conciencia de la presión ejercida con la mandíbula por parte del cachorro. Este aprendizaje surge de la interacción del cachorro con su madre y hermanos. Si adoptamos o compramos un cachorro que aún no ha pasado por la etapa de la inhibición de la mordida, tendremos un «cachorro piraña» que nos mordisqueará constantemente y nos hará daño. Esto puede resultar muy molesto y llegar a ser un problema en familias con niños.
¿Por qué sucede?
Las personas, en nuestras edades más tempranas, utilizamos las manos para descubrir el entorno. Manipulamos, tocamos y experimentamos con el tacto y otros sentidos. Esta experimentación nos permite ir tomando consciencia de nuestros miembros e ir adquiriendo maestría en su uso. Los cachorros usan su boca para descubrir el entorno de igual manera que lo hacemos los humanos con nuestras manos, también adquieren maestría con ello y es una parte esencial de su desarrollo.
El cachorro debe aprender a usar su mandíbula mediante la experimentación. Por lo tanto, no solo es normal que mordisquee, también es importante que lo haga. El fenómeno de la inhibición de la mordida proporciona la consciencia y el control de la presión ejercida por la mandíbula (maestría), y esto es una herramienta de vida. La naturaleza pone los componentes necesarios en el momento adecuado para que este fenómeno surja: la madurez y la capacidad oportuna para ensayar sus medios de comunicación, hermanos dispuestos a interaccionar mordisqueando unos con otros, dientes de leche afilados como agujas…
Cuando los cachorros juegan a pelearse, en ocasiones, suelen hacerse daño. En realidad, nunca es grave, pero si importante: aprenden mediante el feedback de sus interacciones. Un cachorro es mordido fuertemente por su hermano, siente dolor y emite inmediatamente un gemido. En otro momento, ese mismo cachorro muerde a otro hermano suyo y también emite un gemido. Gracias a estos juegos los cachorros aprenden el «sonido del dolor» y lo reconocen en otros. Con estas experiencias van tomando consciencia de que ciertas presiones ejercidas con su mandíbula provocan dolor en otros.
Además, cuando un cachorro siente dolor interrumpe inmediatamente el juego con su hermano. Los cachorros aprenden que, para jugar y divertirse, deben controlar su mandíbula, por qué si no lo hacen, es doloroso y el juego se detiene. Aprenden entre ellos a inhibir sus mordidas, aprenden a tener una “boca blanda”.
Cuando adoptamos o compramos un cachorro de temprana edad lo aislamos de los componentes adecuados para que el fenómeno de la inhibición de la mordida surja de forma natural. Por este motivo, ese cachorro tan dulce que tienes en casa, en ocasiones, parece una auténtica piraña del Amazonas. Por eso debemos ocuparnos de proporcionar las experiencias adecuadas que desarrollen una «boca blanda» en nuestro cachorro.
¿Cómo afrontamos la inhibición de la mordida en casa?
El primer paso es que tu cachorro adquiera maestría en el uso de su boca, ensañarle a te ner una «boca blanda». Con una boca blanda nos referimos a que muerda, sí, pero con suavidad. Enseñar a controlar la presión de la mandíbula antes de enseñar a no morder forma parte del proceso y, para ello, reproduciremos las experiencias que tu cachorro tendría con sus hermanos.
BOCA BLANDA SI, BOCA DURA NO.
1. Busca un momento en que tu cachorro esté tranquilo. Cuanto más tranquilo esté, más fácil será que controle su mordida; cuanto más excitado esté, más difícil será que se controle.
2. Inicia el juego con tu cachorro y permítele que te muerda. Intenta ser suave para que no se excite demasiado. Tiene que vivir la experiencia de que jugar con la boca blanda está permitido.
3. Los dientes de leche de tu cachorro están muy afilados. Si tu cachorro juega con suavidad, y no te hace daño, continua con el juego.
4. Si tu cachorro te hace daño, en el mismo momento que sientas dolor, exprésate con un «¡Ay!» y detén el juego inmediatamente. No tienes que gritarle directamente a él ni debes regañarle. Sólo expresa tu dolor y para de jugar.
5. Reanuda el juego pasados unos pocos minutos, sin rencores. 6. Repite la acción cada vez que te haga daño.
Debes tener en cuenta:
➢ Después de expresar tu dolor (¡Ay!), cuanto más muevas tus manos y brazos más difícil será que pare. Grita, recoge tus brazos y date la vuelta dándole la espalda.
➢ Si tu cachorro no deja de intentar jugar contigo, realiza el ejercicio en el umbral de una puerta. Expresa tu dolor, apártate y cierra la puerta para tener una barrera física entre tú y él que impida que él continúe jugando contigo. No abras la puerta hasta que no esté calmado. Cuando se calme, abre y vuelve a jugar.
Este primer paso puede durar varios días. Dedica periódicamente un tiempo a este ejercicio. Cuando notes que tu cachorro ha aprendido a jugar sin morder fuerte habrá llegado el momento de enseñarle que, mordisquear a las personas, aunque sea flojo, ya no está permitido.
YA NO SE MUERDE A LAS PERSONAS
Busca un momento en que tu cachorro esté tranquilo. Cuanto más tranquilo esté, más fácil será que se controle, cuanto más excitado esté, será más difícil.
Coge uno de sus juguetes y ponlo en tu regazo. Inicia el juego con tus manos (no con el juguete) y permítele que te muerda. Intenta ser suave para que no se excite demasiado.
En el mismo instante que tu cachorro te toque con sus dientes expresa tu dolor (aunque sea simulado) y detén el juego unos minutos.
Reanuda el juego, esta vez, con el juguete. Deja que muerda el juguete y se divierta.
De vez en cuando, utiliza una de tus manos para jugar. Si tu cachorro toca tu mano con sus dientes de forma deliberada (no fortuita), aunque no te haga daño, expresa tu dolor (aunque sea simulado) y vuelve a detener el juego.
Debes tener en cuenta:
➢ Tratamos de enseñar al cachorro que ya no se permite mordisquear las manos, solo el juguete.
➢ En este ejercicio ofrecemos al cachorro diferentes experiencias de forma alterna con diferentes consecuencias según cómo actúe.
➢ Detener el juego ya no depende de que nos haga daño. Si nos toca deliberadamente con sus dientes, detenemos el juego, aunque no nos haya hecho daño.
¿Qué hago si es el cachorro el que viene a jugar con nosotros?
En los ejercicios anteriores, tú decidías cuándo jugabas. Escogías el momento en que tu cachorros estaba más calmado para favorecer el aprendizaje.En otros momentos, tu cachorro estará más excitado y será él el que venga a buscarte para reclamarte juego y morderte. Esto lo consideramos una demanda de atención y, por varias razones, no deberías aprovecharlo para trabajar la inhibición de la mordida.
La primera razón es que reforzarías un comportamiento que no te interesa en absoluto. Le enseñarías a tu cachorro que, con venir y mordisquearte sería suficiente para tener tu atención y que juegues con él. Si aprende esto, cada vez que le apetezca vendrá a mordisquearte los pantalones o a echarse encima de ti. Por cuestiones prácticas, tu cachorro no puede decidir cuándo las personas juegan con él.
En segundo motivo por el que no aprovechar este momento para trabajar la inhibición de la mordida, es que, cuando el cachorro viene a buscarte para jugar, suele estar demasiado excitado para favorecer el aprendizaje. En este momento será más difícil que se controle y, por lo tanto, más difícil que aprenda.
El tercer y último motivo es que esta es una oportunidad perfecta para poner en práctica e implementar protocolos de normas y castigo Time Out.
Resumen